Ya probé cremas de la farmacia y no me hicieron nada. ¿Por qué esto sí me va a funcionar?
SALUD CIRCULATORIA
especialistas en circulación revelan; la verdadera razón por la que tus varices son mucho más peligrosas de lo que crees
¿Te han dicho que las varices son normales, que son cosas de la edad y que no pasa nada?
Pues no es así. Es algo que está pasando dentro de tu pierna y con lo que deberías tener mucho cuidado, porque ya no es solo estético: puede acabar dándote problemas serios.
Por eso lee esto antes de que sea demasiado tarde.
Ana Belen
Pero empecemos por lo que más duele. Porque seamos honestas: no hay nada más desesperante que mirarte las piernas en el espejo y que lo primero que te salga sea “buah, qué piernas tengo”.
Porque no es que veas una pierna con unas venas que se marcan más de lo normal. Es que las ves horribles. Y el juicio no se queda ahí: sigue con “qué vieja me veo” y acaba en “cómo me he dejado”.
Que lleves un par de décadas dándote vergüenza enseñarlas, y que todos los días tengas que elegir la ropa pensando en taparlas. La falda por debajo de la rodilla y nunca por encima. El pantalón en pleno agosto. Las medias tupidas en la boda de tu sobrina en julio. El pareo en la playa, o quedarte en la sombrilla mientras las demás se meten al agua.
Que sea un complejo que no le has contado a nadie: ni a tu marido, ni al médico, ni a tus amigas más allá de la broma. Te lo tragas tú sola desde hace veinte años.
Y que encima, cada tarde a las ocho, te sientes en el sofá, te quites las zapatillas y te encuentres los tobillos hinchados con la marca del calcetín clavada, las piernas ardiendo por dentro y pesando como el plomo. Y algún calambre por la noche que te despierta.
Todo eso te hace sentir una frustración inmensa.
Y lo peor no es ni siquiera eso. Lo peor es que no es solo un problema estético. Esas venas no solo te están afeando la pierna: están haciendo algo por dentro que puede acabar dándote un problema muy grave. Y nadie te lo ha contado nunca.
Ahora bien, si eres como la mayoría, algo habrás intentado. Y seguramente:
ya has probado cosas para las varices y ninguna te ha servido de nada
Y todas fallaron por la misma razón. Mira:
Las cremas y los geles de la farmacia. No llegan realmente al problema, solo te refrescan un rato, huelen a mentol y alivian un poco de hinchazon desde la piel. Pero el problema no está en la piel: está en la vena, debajo. Esas cremas casi nunca llegan a la vena, porque no sulen tener los componentes para hacerlo
Las pastillas de la circulación. Alivian algo la pesadez, sí. Pero se reparten por todo el cuerpo y no actúan concentradas sobre la vena donde está el atasco. Por eso puedes llevar años tomándolas y ver cómo la vena sigue creciendo igual.
Las medias y los calcetines de compresión. Aprietan desde fuera, y solo mientras los llevas puestos. Te los quitas y todo vuelve a estar igual. Y en verano, que es justo cuando peor estás, son directamente imposibles de aguantar.
Y el médico: “piernas en alto, medias, y andar un poco”. Un consejo correcto. Y desmoralizante, porque llevas quince años oyéndolo y quince años igual.
El patrón, cuando lo ves junto, es evidente: unas actúan por encima, otras por fuera, otras por todo el cuerpo. Ninguna llegaba hasta la vena para devolverle la circulación.
Así que no, no fallaste tú. Fallaba el sitio donde actuaba todo lo que te daban.
especialista en circulación revela el verdadero peligro de las varices y qué hacer para frenarlas
Marta es angióloga, la especialista de las venas. Lleva más de 20 años en ello y ha visto pasar por su consulta a cientos de mujeres de 55 a 70 con las piernas exactamente como las tuyas: años de medias, de pastillas y de piernas en alto, y la vena un poco peor cada año.
Y me reveló algo que no me esperaba: que una variz es mucho más peligrosa de lo que nadie nos ha contado.
Para empezar, esa vena que llevo años tapando está tan fina por dentro que es muy fácil que reviente. Un golpe tonto contra la mesilla, rascarse, el roce del pantalón. Y cuando revienta, la sangre sale a chorro, porque va a presión, y no para apretando con un pañuelo: tienes que ir a urgencias, con el susto de tu vida, para que te la cierren. Y esa vena te la tienen que terminar operando de urgencia.
Y si no revienta, lo que hace es ir pudriendo la pierna poco a poco. Primero esas manchas marrones del tobillo que yo creía que eran de la edad. Luego la piel se abre sola y aparece la úlcera: una llaga que no cierra en meses, la de las piernas vendadas de mi abuela. Y por el camino, el riesgo de que se forme un trombo.
Y la salida que te queda entonces es el quirófano: mil y pico euros por pierna, la ingle morada, quince puntos y un mes de baja. Para que años después te vuelvan a salir.
Pero lo que de verdad me heló la sangre fue el final del camino. Porque después de todo eso viene lo peor: dejar de poder. No poder con los nietos, no poder bajar sola a la compra, no poder por tu propio pie.
Eso es lo peor de las varices. No que se vean horribles, que también. Es lo que están haciendo por dentro mientras tú las tapas.
Pero atención, porque aquí es donde la mayoría se descuelga pensando “bueno, lo mío no es para tanto”:
Nada de eso empieza con una vena gorda. Empieza con unas arañitas. Con esas mismas que tú te miras y dejas pasar porque total, son estéticas. Y sigue con esa vena del gemelo que cada año está un poco más marcada.
¿Y por qué pasa todo esto?
La especialista Marta lo explica así:
“Las varices no aparecen porque seas mayor ni porque tu madre las tuviera. Aparecen porque la sangre de tus piernas tiene que subir hasta el corazón, un metro entero, hacia arriba, contra la gravedad, todos los días de tu vida.”
“Y con los años, los embarazos y las horas de pie, las venas se cansan. Ya no tienen fuerza para subirla. Y la sangre se queda ahí, atascada, en la parte baja de la pierna.”
“¿Y qué le pasa a la vena con ese atasco? Que se va llenando. Se hincha, se pone gorda, y acaba asomando bajo la piel.”
“Eso es la vena que te tocas en el gemelo. No es una vena fea: es una vena cansada, llena de sangre que ya no circula.”
Y entonces dijo la frase que lo explica todo de golpe:
“Y de ahí sale todo lo demás, que es la misma cosa. Te pesan las piernas por la tarde porque esa sangre atascada pesa de verdad. Se te hinchan los tobillos porque de una vena tan llena se escapa líquido. Tienes calambres y picor porque la sangre que no circula no riega bien. Y en verano estás peor porque el calor dilata la vena y la sangre circula todavía peor.”
“No son cinco problemas distintos. Es uno solo: una circulación que se ha parado.”
Veinticinco años pensando que tenías varices por un lado, retención por otro y mala circulación por otro. Y resulta que era lo mismo.
Y ahí está también la explicación de por qué nada te ha servido:
- Las cremas trabajan por encima de la piel. La vena está debajo.
- Las pastillas trabajan por todo el cuerpo. El problema está en un sitio concreto.
- Las medias y los calcetines de compresión empujan desde fuera, y solo mientras los llevas. Por dentro, la sangre sigue igual de parada.
- Y el quirófano quita la vena mala, pero el atasco sigue en las de al lado. Por eso a tantas mujeres les vuelven a salir a los años.
Entonces te estarás preguntando qué se puede hacer. Pues Marta lo tiene claro:
“Si el problema es una vena cansada que ya no mueve la sangre, la solución no es taparla, ni refrescarla un rato, ni apretarla desde fuera. Es reactivarle la circulación, cada día.”
“Y para eso hacen falta tres cosas, y las tres a la vez. Llegar hasta la vena, atravesando la piel, porque el atasco está debajo. Reactivar la circulación dentro de ella, para que esa sangre parada vuelva a moverse. Y ayudar a la sangre a subir, porque la vena ya no la sube sola.”
“Si esa vena se fue cansando poco a poco, durante veinte años... se reactiva exactamente igual: poco a poco, cada día.”
¿Y qué hace esas tres cosas?
Marta reveló que era...
el spray de crioterapia de vida confort que actúa directamente para frenar el crecimiento de tus varices
No es otra crema de farmacia. No es otro bote de pastillas. No es una media que ponerte cada mañana peleándote con ella.
Es un spray de crioterapia: se pulveriza directamente sobre la vena, se extiende con un masaje de un minuto, y hace las tres cosas que faltaban, a la vez.
✅ El 1,8-cineol lo lleva hasta la vena
Esto tú ya lo has comprobado sin que nadie te lo explicara: con el calor estás peor, y cuando te echas agua fría en las piernas, alivian. No es casualidad. El frío que notas al pulverizarlo viene del 1,8-cineol, un componente natural del eucalipto. Y además de aliviar, hace algo que no hacía ninguna crema: abre paso a través de la piel y lleva el resto del spray hasta la vena, en vez de dejarlo en la superficie. Notarás el alivio de la pesadez desde la primera aplicación.
Ese es el motivo exacto por el que las cremas de farmacia no te hicieron nada: no es que el ingrediente fuera malo, es que nunca llegaba a donde tenía que llegar.
✅ El castaño de indias reactiva la circulación
Es una planta muy estudiada y que lleva muchos años funcionando para las venas. En el spray va concentrado y, gracias al cineol, penetra hasta la vena y mejora la circulación: la sangre que estaba parada vuelve a moverse, y la vena se va vaciando. Y una vena que se vacía deja de hincharse, retiene menos líquido (por eso baja la hinchazón del tobillo) y se nota cada vez menos.
Este es el que trabaja sobre la causa. El frío te alivia hoy; el castaño de indias es el que reactiva la circulación de fondo.
✅ Y el masaje ayuda a que la sangre suba
La tercera pieza es tuya y es gratis: el masaje de un minuto hacia arriba, siempre del tobillo hacia la rodilla, nunca al revés. Empuja la sangre hacia el corazón, que es justo lo que la vena cansada ya no hace sola. No es un adorno para que te quede bien extendido: es parte del tratamiento.
El cineol lo lleva hasta la vena. El castaño reactiva la circulación. El masaje hace subir la sangre.
Dos veces al día. Un minuto de masaje. Todos los días.
No te voy a decir que es mágico ni que te vas a levantar mañana con otras piernas, porque sería mentirte. Pero lo que sí te digo es que, poco a poco y usándolo cada día, en un par de semanas vas a empezar a ver esas venas bastante menos marcadas. Y cada semana que pasa, un poco mejor que la anterior.
Y lo que vas notando, por orden:
Los primeros días: las piernas menos pesadas por la tarde y el tobillo menos hinchado. Esa es tu prueba de que algo está pasando.
A las pocas semanas: la vena menos abultada y las arañitas más claritas. Menos marcadas. No perfectas: menos. Que es justo lo que llevas años pidiendo.
Y sobre todo, lo que de verdad importa: que dejen de ir a más.
por qué cada vez más mujeres confían en el spray de crioterapia para frenar sus varices
lee lo que dicen las que ya lo han probado: